Para mi amigo Níkos Emmanouél,
mi gratitud por su ayuda
siempre solícita.
ANIMADVERTENCIA:
Este ejercicio no pretende ser una investigación exhaustiva. Simplemente, se trata de un juego escritural, visual y auditivo donde se solaza la curiosidad y la imaginación de un melómano.
Antes de comenzar, puntualizo que la mayor parte de la información de esta “divagación” la obtuve de Wikipedia, YouTube..., aunque la complementé con otras fuentes de las que doy puntual cuenta.
Lo aclaro porque los “críticos pasivos” que tanto abundan por doquier —ya en el mundo real, ya en el mundo virtual—, se asustan y descalifican la información que se ofrece en la red.
Evidentemente, hay que disponer de criterio para discernir lo verdadero de lo falso en este “mar virtual de desinformación”. Sin embargo, no aprovechar los recursos que ofrece esta época, sería de estúpidos y retrógradas.
Un músico y viajero griego que
se había embarcado y navegado por el mundo hasta llegar a México. Así, mediante
una idea romántica, justifiqué la semejanza que percibía entre una canción
cretense y la música tradicional de una región de mi país: el son huasteco. Sin
embargo, en el decurso, como aquél viajero imaginario, descubrí nuevas tierras,
nuevos sonidos y más preguntas que respuestas...
Desde que escuché por primera
vez la canción Τα μαύρα της τα μάτια,
Ta maura tis ta matia, Sus ojos negros, percibí algo diferente
en ella.
Si bien ya conocía algunas canciones griegas, me pareció particular dentro del propio contexto helénico, aunque no acertaba a definir por qué.
Asimismo, cada vez que la reproducía, experimentaba la sensación de que algo me resultaba familiar en ella: el ritmo, los instrumentos... Mientras tanto, se convertía en una de mis piezas musicales favoritas.
Finalmente, me percaté de que era muy parecida a los sones de mi país: sobre todo a los huastecos, y en menor grado, a los guerrerenses, donde el sonido del violín era el rasgo auditivo más perceptible. Sin embargo, compartían otras características.
El son.
Las cinco
acepciones que ofrece el Diccionario de
la Real Academia Española de la palabra son (Del latín, sonus), son interesantes no sólo por
ellas mismas sino por las referencias mentales que generan.
Particularmente, las dos primeras y la última: “Sonido que afecta agradablemente al oído, con especialidad el que se hace con arte”; “noticia, fama, divulgación de algo”; y la quinta donde se alude a la “música popular bailable”, como cubanismo.
Así, gracias a lo que se deduce del conocimiento práctico y cotidiano de la música, el son sería “un sonido agradable, hecho con arte o artificio, que entera de algo al oyente.”
Asimismo, se denomina así a varios géneros musicales de origen afrocaribeño-mestizo que se cultivan en varios países de la cuenca del mar Caribe.
En México, este género no sólo arraigó profundamente, sino que se diversificó. A decir: Son huasteco, istmeño, abajeño, jarocho, calentano, de artesa, de concheros, arribeño, de mariachi, de tamborileros, Jarana yucateca y chilena (Costa de Guerrero y Oaxaca).
Los de mayor proyección fuera de mi país son el huasteco y de mariachi.
Debido a mi origen familiar, siento más afines el son calentano y la chilena del estado de Guerrero, que los referidos, o incluso que el jarocho o el yucateco que gozan de más popularidad entre mis compatriotas.
Sin embargo, en este texto me ocuparé del son huasteco, dejando para mejor ocasión, la música guerrerense.
I.
La Huasteca y el son huasteco.
Conformación
y difusión.
La Huasteca dio nombre al son
que se originó en su seno. Dicha región comprende el norte de Veracruz, el sur de
Tamaulipas, la Sierra Gorda de Querétaro y partes de los estados de San Luis
Potosí e Hidalgo; así como algunas zonas de Puebla.
El son huasteco —también denominado huapango (típico)— data del siglo XVII, y sus orígenes se remontan a los ritmos españoles —fandango—, africanos e indígenas.
Se trata de un género musical mexicano cuyo compás es ternario —3 por 4 y 6 por 8—, donde se marca el falsete característico. En los albores se diferenciaba el huapango del son huasteco: el primero comprendía las canciones con letra fija, y el segundo se empleaba para trovar, “improvisar versos.”
La palabra huapango parece derivarse del vocablo náhuatl cuauhpanco, que literalmente significa “sobre la tarima” —la danza que acompaña a este género, se denomina “zapateado”, y se baila sobre una tarima, desempeñando un papel fundamental en la interpretación.
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Ilustración de Enrique Valderrama. |
En el imaginario nacional —y
acaso internacional—, la pieza más identificada con el término “huapango” es el
Huapango de Moncayo, compuesto por
José Pablo Moncayo (1912-1958).
El denominado “segundo himno nacional mexicano” se estrenó en 1941, y se compuso a partir de la reinterpretación de ritmos tradicionales —principalmente veracruzanos—, y de piezas de dicha región como El siqui sirí y El Balajú.
Respecto del son huasteco, y su recuperación y valoración por parte de la cultura mexicana, Pedro Infante, cantante y actor icónico de ésta, participó en 1948 de la película Los tres huastecos, donde interpreta una canción junto a Blanca Estela Pavón.
La
voz y los instrumentos.
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Grupo Los Villeda. |
El conjunto huasteco o “trío
huasteco” generalmente se conforma por un trío de guitarra huapanguera, jarana
huasteca y violín.
La guitarra o quinta
huapanguera es una guitarra de cinco u ocho cuerdas y cajón de resonancia mayor
que el de la guitarra normal.
La jarana huasteca es un
cordófono con forma de guitarra de cinco cuerdas. Este tipo de guitarra —más
pequeña que la quinta— es afinada en intervalos de tercera en una escala más
alta que la huapanguera, siendo una afinación común la de las notas sol, si,
re, fa sostenido y la.
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Frumencio Olguín Nápoles. Trío Armonía Huasteca. |
Estos dos instrumentos llevan el ritmo y la armonía de la pieza, mientras el violín pauta la melodía, dándole viveza con su ejecución a la pieza.
Otro elemento fundamental de esta música, es la voz, preferentemente ejecutada por dos “cantores”, valiéndose del “falsete”, aunada a la improvisación y el ingenio —esta interpretación remite a la raíz flamenca, con ese particular “cante jondo”, en el marcado del falsete cada tres cuartos de compás, si bien la melodía, formada por una escala en C mayor, genera que el acorde marcado armonice con el sonido de la jarana y se fusione con el de la quinta huapanguera. En ocasiones, los intérpretes se turnan los versos —octasílabos en diversas combinaciones estróficas: cuartetas, quintetas o sextetas: la primera voz canta los primeros dos versos y la segunda los repite, o bien, le contesta con otros dos. Mientras éstos improvisan los versos, el violín guarda silencio y el zapateado se atenúa.
Algunos sones huastecos.
El
querreque —el guacheche, pájaro que habita la Huasteca— es el son
huasteco más famoso, y una de las canciones tradicionales más conocidas y
difundidas de México. Debe principalmente su fama a la divertida y ocurrente
letra, precisando que la versión aludida sólo es una de muchas que existen.
En este sentido, El querreque es la metáfora cultural de la gente de la región, una obra flexible que se reinventa incesantemente: un recipiente musical que recibe el ingenio de la juventud y la diversidad “como el vaso y el agua”, evocando al poeta José Gorostiza en Muerte sin fin.
Raúl Guerrero Bustamante, autor del blog Huapanguero, en la entrada El querreque del Viernes, 20 de abril de 2007, refiere:
En su
libro Un recorrido por la Huasteca
hidalguense, mi abuelo, Raúl Guerrero Guerrero comenta: Respecto al son El querreque se conocen varias
versiones. El querreque es una avecilla de plumaje gris, conocida en otros
sitios con el nombre de pájaro carpintero, y cuando pica a los árboles para
hacer su nido o para llamar a su compañera, emite un graznido suave con el que
parece decir ‘crrr, crrr’, de donde viene el nombre local de querreque, aplicándose
tal expresión, en calidad de mote, a una persona muy parlanchina: “Pareces
querreque.”
Asimismo, en otro blog, La voz del querreque, en la entrada Historia de El querreque, correspondiente al Sábado, 9 de agosto de 2008, se señala:
Se
dice que éste son huasteco fue llevado a la Ciudad de México en el año de 1956
por el Sr. Pedro Rosa, orginario de Xilitla, San Luis Potosí, quién lo tocaba
acompañado por los señores Prócoro Rubio, Joel Castro y Lucio “N” —lo tocaban y
cantaban en el tono de sol mayor, pues sus voces eran para cantar en tonos muy
altos. Lo grabaron con el Sr. José Raúl Helmer, jefe de grabaciones del INBA
para discos Vanguard, disquera de los
Estados Unidos que fue la primera en grabar música folclórica auténtica de
México. Posteriormente el Sr. Pedro Rosa hizo grupo con los señores César
Chávez Ramírez, Epifanio Alarcón Villegas y Willebaldo Amador Hernández, quién
le hizo arreglos, cambiándolo al tono de re mayor y con versos pícaros y
consecutivos —sin descante— para darle más intención a la versificación, tal
como se conoce en la primera y segunda grabación del Trío Chicontepec. De esta manera, se presume que el autor de El querreque es el Sr. Pedro Rosa Acuña,
huasteco virtuoso en la interpretación del violín, así como en el canto y la
trova o improvisación de versos. Con el tiempo, este son popular fue el canto
de los campesinos de la Huasteca.
La petenera es otra canción simbólica de la región, y al igual que El querreque, tiene innumerables versiones. Sus antecedentes se remontan a una danza originaria de Almería, España, y debe su nombre a una cantante flamenca, Dolores, originaria de Paterna de la Rivera, Cádiz.
Posteriormente, en Cuba sufriría influencias africanas que desembocarían en la Guaracha. Asimismo, en México la canción se asimiló a la música barroca del siglo XVIII. (Por esta y otras canciones, hay quien incluso llama al son huasteco, “el barroco popular mexicano”.)
El grupo chileno, Inti-Illimani, grabó su versión de La petenera:
Algunos otros sones huastecos son: El gusto, La azucena, La leva, El caimán...
Leyendas
e intérpretes.
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Viejo Elpidio. |
Como en toda recomendación, las omisiones sobrepasan numerosamente a las sugerencias. Sin mencionar que éstas están determinadas por el gusto, y peor aún, por el “(des)conocimiento” personal de quien las hace.
Aclarado esto, algunos de los personajes que conformaron el género son: Inocencio Zavala, Nicandro Castillo, “El Negro” Marcelino, Juan Coronel, Heliodoro Copado, Carlos “El Zurdo” Castillo, Román Araujo, “La Güera” Maza, Serapio “El Güero” Nieto, Natalia Valdés y Esperanza Zumaya.
Y entre los grupos: Los Camperos de Valles, Trío Alma Hidalguense, El viejo Elpidio y sus huastecos, Trío Chicontepec, Los Nacionales de Jacinto Gatica, Trío Armonía Huasteca, Dinastía Hidalguense, Trío Chicamole, Los Cantores del Pánuco, Trío Xoxocapa, Trío Camalote, Los Hermanos Calderón, Trío Los Caimanes de Tamuin...
II.
Creta
Κρήτη, Kríti, Creta, otrora llamada Candía por los marinos italianos del Medievo, debido a su blancura, es la isla más grande de Grecia, y la quinta del mar Mediterráneo. Su capital es Ηράκλειο, Iráklio: Heraclión, Herakleion.
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Palacio de Knossós, Creta. |
El solo nombre de la isla evoca la mitología griega: el monte Ida, donde Rea ocultó a Zeus, quien según otra leyenda, fue padre de Minos, cuya esposa engendró al Minotauro.
Asimismo, es cuna de personajes ilustres como: el pintor Δομήνικος Θεοτοκόπουλος (1541-1614), Doménikos Theotokópoulos, “El Greco”; el político Ελευθέριος Βενιζέλος (1864-1936), Elefthérios Venizélos, Primer Ministro de Grecia en siete ocasiones en el período de 1910 a 1933; el escritor Νίκος Καζαντζάκης (1883-1957), Níkos Kazantzákis, autor de la novela Βίος και Πολιτεία του Αλέξη Ζορμπά, La vida y aventuras de Aléxis Zorbá, que inspiró la película Zorba, el griego de Kakogiánnis; el poeta Οδυσσέας Ελύτης (1911-1996), Odysséas Elýtis; Premio Nobel de Literatura en 1979; y la cantante políglota, Νάνα Μούσχουρη (1934), Nána Moúskouri.
La música cretense.
Por su ubicación estratégica entre
Oriente y Occidente, en Creta convergieron ambas concepciones, permeando y
enriqueciendo sus manifestaciones y costumbres.
Así, la música cretense asimiló las tradiciones de los dos mundos tanto en las melodías y los ritmos, como en los propios instrumentos.
Los instrumentos.
Los instrumentos utilizados en
la música de Creta son dos: la λύρα, lýra, lira y el λαούτο, laoúto, laúto.
La lýra es un instrumento de cuerda tocado con un arco que apenas ha sufrido cambio desde la época bizantina —su uso en la cultura helénica se remonta al siglo XI. Tiene forma de pera y consta de tres cuerdas, las cuales en la Antigua Grecia recibían el nombre de las tres musas de Delfos —de la grave a la aguda: Nete, Mese e Hípate. Para tocarla, los músicos la apoyan en posición vertical sobre uno de sus muslos.
El λαούτο también es un instrumento de cuerda que se toca mediante el plectro o púa, construido tradicionalmente de maderas nobles de ébano, arce, palisandro o nogal. Consta de cuatro pares de cuerdas: la, re, sol y do. Se afina en mi, la, re, sol para acompañar a la lýra, aunque también funge como instrumento principal.
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Psarantónis, seudónimo de Antónis Xyloúris, y Giánnis Markogiánnis. |
Los sonidos de la lýra y el lauto, acompañados por el dialecto cretense —Κρητική διάλεκτος, Kritikí diálektos o Κρητικά, Kritiká— y otros instrumentos, encarnan en el γλέντι, glénti, celebración musical y dancística tradicional de la isla.
Τα μαύρα της τα μάτια, Sus ojos
negros.
Durante algún tiempo, opté por disfrutar de la canción Τα μαύρα της τα μάτια, Ta maura tis ta matia, Sus ojos negros, sin tener más noción que la que sus elementos me brindaban.
Como lo he escrito, a partir de ella, divagaba mi mente acerca de la similitud rítmica, instrumental... respecto de la música folclórica mexicana.
Sin embargo, hace poco, gracias a mi amigo Níkos, me enteré de algunos datos sobre esta hermosa canción que comienza con las palabras: “Οφού τα μαύρα τσι τα μάτια...”
El intérprete es el cantautor cretense, Βαγγέλης Πυθαρούλης, Vangélis Pitharoúlis, “el Giánnis Pários cretense”, quien también es el compositor de la música, así como el letrista —en colaboración con P. Nikifóros.
Pitharoúlis fue estrecho colaborador de la folclorista griega, Δόμνα Σαμίου (1928-2012), Dómna Samíou.
Conclusión.
Incluso ahora, mientras escucho
la música, las conexiones surgen por doquier: el violín de algunas canciones
cretenses me transporta a mi tierra; sin embargo, el de otras me sugiere la cadencia
del Medio Oriente.
Es difícil de explicar, pero ahora he identificado en la música griega ciertas similitudes con la irlandesa y sus danzas.
Acaso el punto donde converge todo, no sea sino el de la existencia humana misma y su creación: ¿Cómo explicar, por ejemplo, las semejanzas de los entierros reales de la península de Yucatán con los de algunas tumbas en China? ¿O la palabra náhuatl para designar la energía, téotl, que fonéticamente se acerca a θεος, theos, dios, en griego?...
Apéndice.
I.
Durante
la revisión de mi audioteca —que no es sino un montón de cedes dispersos— para la creación de este blog musical, encontré Huazzteco, grabado en el Estudio Agua Escondida, que contó con el
apoyo de la Secretaría de Cultura del estado de San Luis Potosí, así como de la
Dirección General de Vinculación Cultural del Consejo Nacional para la Cultura
y las Artes (CONACULTA).
No
recordaba que lo tenía y, a decir verdad, nunca lo había escuchado. Sin
embargo, cuando lo hice, disfruté de la propuesta.
En el
librito que acompaña el disco se puntualiza: “La comprensión de los elementos etno-musicales
contenidos en las composiciones originales y en los arreglos que aquí podemos
escuchar no es obra de la casualidad ni del impulso erróneo tan frecuente que
conduce a tocar un huapango ‘jazzeado’ o un blues ‘huapangueado’, sino más bien
de la persecución de pensamientos anteriores, de espíritus emparentados con una
mexicanidad musical auténtica y culta.”
Ofrezco
de este disco, las pistas 1 y 3 que corresponden a El querreque y La petenera
respectivamente.
II.
Por otro lado, mientras redactaba este texto, me topé azarosamente con El Grupo Segrel, agrupación mexicana creada en 1996 por Carmen Elena Armijo. El propósito de este ensamble-proyecto es recrear el mundo lírico y musical de la Edad Media.
Debe su nombre al segrel, juglar del medioevo de origen galaico-portugués, con categoría de escudero, que a menudo creaba sus propias composiciones y poesías, de la misma manera que los trovadores.
He aquí una muestra que más que afirmar algo, aspira a sugerir que la música es un mundo abierto de felices coincidencias y similitudes.
Compruébenlo por ustedes mismos.
Querido amigo César:
ResponderEliminarDebo comenzar dándote las gracias por la amable e inmerecida dedicatoria de esta maravillosa entrada de tu nuevo blog musical. Ni la composición ni el intérprete de la canción cretense objeto de tu estudio eran conocidos en profundidad por mí, y lo único que hice fue facilitarte el resultado de unas consultas que cualquier persona podría haber obtenido a través de la red.
La música griega ha recibido abundantes influencias de Oriente y de Occidente, pero no debemos olvidar que tanto la música de la Europa occidental como la música árabe, entre otras muchas, bebieron de los cánones musicales de la Grecia clásica. Por ejemplo, la bases musicales de algunos cantos paganos fueron utilizadas para la composición de himnos religiosos cristianos. Es, pues, bastante lógico que a poco que uno se adentre en el estudio y conocimiento de la música tradicional griega, comience a observar afinidades, paralelismos y puntos de convergencia entre ésta y las manifestaciones musicales de los lugares más impensables. También resulta curioso, por ejemplo, observar la facilidad con la que los músicos irlandeses han incluido al buzuki griego en la lista de instrumentos tradicionales de la bella Erín.
Personalmente, he disfrutado mucho con la lectura de esta entrada dedicada al son huasteco. La música mexicana formó parte de mi infancia gracias a las cintas magnetofónicas con grabaciones de cantantes como Jorge Negrete y Vicente Fernández que mi padre nos hacía escuchar todos los domingos por las mañanas, a la hora del desayuno. Afortunadamente, la música de tu hermoso país es mucho más que corridos y rancheras, y estoy seguro de que muchos lo van (lo vamos) a descubir a través de este excelente blog.
Un abrazo y mucha suerte